Avería del amortiguador: síntomas y consecuencias

Iván Matieishyn Iván Matieishyn
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Las averías en los amortiguadores influyen drásticamente en el comportamiento del coche en la carretera. En concreto, el morro del vehículo se «hunde» al frenar, la distancia de frenado aumenta, la carrocería se inclina demasiado al maniobrar y se produce un balanceo excesivo al pasar por irregularidades.

Existen síntomas evidentes y ocultos de amortiguadores en mal estado. Entre los evidentes se encuentra la aparición de fugas de aceite (desgaste del retén y/o del vástago); sin embargo, predominan los fallos ocultos, como la degradación del aceite, la deformación de las láminas del mecanismo de válvulas, el desgaste del sello del pistón y de las paredes internas del cilindro de trabajo. Para evitar consecuencias desagradables, es fundamental detectar la avería a tiempo.

Avería del amortiguador

Síntomas de avería en los amortiguadores

Existen dos tipos de señales que indican que un amortiguador ha fallado total o parcialmente. El primer tipo son las visuales, detectables mediante una inspección ocular del componente. El segundo tipo se refiere a cambios en el comportamiento dinámico del coche. Empezaremos enumerando estas últimas, ya que lo primero que suele alertar al conductor es un cambio en la conducción, concretamente:

  • Balanceo al frenar y acelerar. Si los amortiguadores están en buen estado, incluso tras una frenada brusca, el coche no debería rebotar más de una vez antes de estabilizarse. Si se producen dos o más oscilaciones, es síntoma de un fallo parcial o total.
  • Inclinación excesiva al maniobrar. La situación es similar: tras salir de un viraje cerrado o al entrar en una curva, la carrocería no debería oscilar lateralmente. Si lo hace, el amortiguador ha perdido eficacia.
  • Aumento de la distancia de frenado. Este factor se debe al mismo balanceo. Durante una frenada prolongada, si el amortiguador no disipa la vibración, el coche levanta y hunde el morro periódicamente. Esto reduce la carga constante sobre las ruedas delanteras, disminuyendo la eficacia de los frenos. El problema se agrava en coches con ABS, ya que cuando las ruedas pierden contacto firme con el suelo, el sistema reduce la presión de frenado. También aumenta la distancia al frenar sobre firmes irregulares.
  • El coche «no mantiene» la trayectoria. Al poner el volante recto, el vehículo tiende a desviarse hacia un lado, obligando al conductor a corregir la dirección constantemente para mantener la línea recta.
  • Pérdida de confort. Puede manifestarse de varias formas. El balanceo constante en viajes largos provoca fatiga en el conductor y los pasajeros; quienes sufren de cinetosis (mareos por movimiento) lo notarán enseguida. Este efecto es un síntoma típico de fallo en los amortiguadores traseros.
Síntomas de avería en amortiguadores

Tenga en cuenta que signos como el aumento de la distancia de frenado, el desgaste irregular de los neumáticos y la necesidad constante de corregir la dirección pueden indicar otros problemas, como pastillas de freno gastadas, nivel bajo de líquido de frenos, presión incorrecta en las ruedas, problemas en las rótulas u otros elementos de la suspensión. Por ello, es recomendable realizar un diagnóstico completo. Entre los síntomas visuales de desgaste se incluyen:

  • Aparición de fugas en el cuerpo y el vástago. Generalmente se debe al desgaste del retén (junta) y/o del vástago del amortiguador. La pérdida de aceite reduce la amplitud de trabajo del dispositivo y acelera el desgaste de sus componentes internos.
  • Desgaste de los silentblocks. En estas articulaciones caucho-metal, la movilidad depende de la elasticidad de la goma (o poliuretano). Si el amortiguador funciona de manera rígida o ineficaz, el silentblock recibirá cargas excesivas, provocando su rotura prematura. Al revisar los amortiguadores, siempre conviene chequear el estado de los silentblocks.
  • Daños en la carcasa del amortiguador o sus fijaciones. Puede manifestarse como óxido en el vástago (o en el soporte/copela), deformación del cuerpo, daños en los tornillos de sujeción, etc. En cualquier caso, se requiere una inspección minuciosa.
  • Desgaste irregular de los neumáticos. Por lo general, suelen desgastarse más por la parte interior y menos por la exterior (o presentar desgaste en forma de dientes de sierra).

Si surge una avería en los amortiguadores, es probable que acaben fallando también otros elementos de la suspensión, ya que todos están interconectados y se afectan mutuamente.

Consecuencias de un amortiguador averiado

Circular con amortiguadores desgastados no solo reduce el confort, sino que supone un peligro real para la seguridad vial. Los posibles problemas derivados incluyen:

  • Reducción del agarre de las ruedas a la carretera. Debido a las oscilaciones, el contacto del neumático con el asfalto no es constante.
  • Aumento de la distancia de frenado, especialmente en vehículos con sistema antibloqueo (ABS).
  • Funcionamiento incorrecto de sistemas electrónicos de seguridad como el ABS o el ESP (control de estabilidad).
  • Empeoramiento de la maniobrabilidad, especialmente a altas velocidades.
  • Aparición de «aquaplaning» al conducir sobre mojado, incluso a velocidades bajas.
  • Al conducir de noche, el cabeceo constante del frontal puede hacer que los faros deslumbren a los conductores que vienen de frente.
  • Incomodidad en la marcha. Esto es crítico en trayectos largos, aumentando la fatiga del conductor y provocando mareos a los pasajeros propensos.
  • Desgaste acelerado de neumáticos, casquillos de goma, silentblocks, topes de suspensión, muelles y otros elementos del chasis.

Causas de la avería

Las causas suelen ser factores naturales y de uso, entre los que destacan:

  • Degradación del fluido hidráulico (aceite). Al igual que otros fluidos del coche, el aceite del amortiguador absorbe humedad y pierde propiedades con el tiempo. Esto suele provocar que el amortiguador funcione de forma más rígida o ineficiente. Este envejecimiento es gradual, salvo que se rompa un sello.
  • Rotura del retén. Específicamente, el sello del pistón y las paredes del cilindro. El retén puede romperse por factores externos o simple envejecimiento; la goma se endurece y deja filtrar líquido. Esto provoca fugas de aceite y la entrada de humedad o suciedad, empeorando el funcionamiento.
  • Deformación de las láminas de las válvulas. Es un proceso natural que ocurre constantemente, aunque a distinta velocidad según la calidad del metal y las condiciones de la carretera (los baches fuertes aceleran esta deformación).
  • Fuga de gas. Relevante para amortiguadores de gas o mixtos. Si el gas, que cumple una función amortiguadora y evita la cavitación, se escapa, el dispositivo dejará de funcionar correctamente.
  • Fallo de los silentblocks. Se desgastan por causas naturales, perdiendo elasticidad. No suelen tener reparación; si fallan, hay que sustituirlos (o cambiar el amortiguador completo si vienen integrados).

Cómo diagnosticar la avería

La duda sobre cómo comprobar un amortiguador de aceite o de gas es común entre los conductores. Los dispositivos modernos tienen diseños más complejos que los antiguos, lo que dificulta el diagnóstico casero. Lo ideal es revisarlos en un taller con un banco de pruebas específico. No obstante, existen métodos manuales que puede realizar usted mismo.

La prueba del rebote (Oscilación de la carrocería)

El método clásico consiste en hacer rebotar el coche. Se presiona con fuerza la parte delantera o trasera (o sobre cada esquina) hacia abajo para comprimir la suspensión. Hay que hacerlo con energía, pero con cuidado de no abollar la chapa. El objetivo es lograr la máxima amplitud posible, soltar de golpe y observar.

Si el amortiguador está bien, la carrocería subirá y volverá a su posición de reposo casi de inmediato (uno o un ciclo y medio como máximo). Si rebota dos o más veces (como un muelle sin control), el amortiguador está defectuoso y debe cambiarse.

Cabe destacar que este método funciona mejor en coches con suspensiones sencillas o antiguas. En vehículos modernos con suspensiones multibrazo más rígidas y complejas, el sistema puede disimular las oscilaciones incluso con amortiguadores en mal estado. Por tanto, la prueba del rebote en coches modernos suele detectar solo dos extremos: el amortiguador está totalmente reventado o está agarrotado. Detectar un desgaste medio con este método es difícil.

Inspección visual

Para un diagnóstico más preciso, es imprescindible la inspección visual. Suba el coche a un elevador o utilice un foso. Desmontar el amortiguador es una opción, pero requiere mucho trabajo. Busque manchas de aceite en el cuerpo del amortiguador. Si tiene dudas, limpie la zona con un trapo y vuelva a revisar tras unos días de uso.

Con el coche elevado, revise los vástagos. No deben tener óxido ni marcas profundas. Si las hay, el dispositivo está dañado.

Preste atención al desgaste de los neumáticos. A menudo, con amortiguadores rotos, el desgaste es irregular (frecuentemente en la cara interna o en forma de "calvas"). Recuerde que esto también puede deberse a una mala alineación, por lo que se requiere un diagnóstico diferencial.

Si revisa los amortiguadores delanteros (tipo McPherson), inspeccione también los muelles y las copelas (soportes superiores). Los muelles no deben tener grietas ni daños mecánicos.

A menudo, un amortiguador parcialmente dañado no presenta huellas externas visibles. Por ello, se recomienda un diagnóstico profesional en taller.

Prueba de conducción

Si los amortiguadores fallan, notará que el coche «flota» o zigzaguea, obligándole a corregir la dirección. Al acelerar y frenar, cabeceará. Lo mismo ocurre con la inclinación en curvas. No hace falta ir muy rápido; en un entorno seguro y a velocidad urbana (50-60 km/h), puede probar aceleraciones, frenadas y pequeños eslálones para sentir la respuesta.

¡Atención! Si el amortiguador está «muerto», tomar una curva cerrada a alta velocidad es peligroso y conlleva riesgo de vuelco, especialmente en coches potentes o altos.

Cuándo cambiar los amortiguadores

Independientemente de la calidad de la pieza y las condiciones de uso, el desgaste es inevitable y constante. La mayoría de los fabricantes recomiendan revisar su estado cada 20.000 - 30.000 kilómetros. En cuanto a la sustitución, un amortiguador suele perder gran parte de su eficacia alrededor de los 80.000 - 100.000 kilómetros. Llegado a ese punto, es necesaria una revisión exhaustiva y, probablemente, el cambio.

Para maximizar su vida útil, siga estas recomendaciones:

  • No sobrecargue el coche. El manual del vehículo indica la capacidad de carga máxima. Superarla daña motor, frenos y, especialmente, la suspensión.
  • Permita que se calienten. En invierno, con temperaturas muy bajas, conduzca los primeros 500-1000 metros a velocidad moderada y evitando baches bruscos. Esto permite que el aceite hidráulico se caliente y fluya correctamente por las válvulas.

En resumen, ante cualquier síntoma, no lo deje pasar y sustituya los componentes defectuosos. Se recomienda comprar amortiguadores de marcas reconocidas o recambios originales en tiendas de confianza.

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